Todos conocemos  algunos términos son utilizados por activa y por pasiva, y que, por lo tanto, caemos muchas veces en un mal uso del mismo. Un ejemplo muy claro es la palabra Branding.

No hay profesional del marketing que se precie que no haya hablado de branding alguna vez…

Hay muchas personas que usan el término Branding de forma similar a la que usan “anuncios” y “publicidad”. Sin embargo, la publicidad se refiere a varios medios, estrategia y tácticas usadas para la comunicación de nuestra marca. La clave es que  la marca tiene que crearse primero, y una vez lo hemos hecho, entonces podemos darla a conocer.

La conexión humana de una marca aprovecha una fuerza que afecta al comportamiento del consumidor más allá de atributos con los que se puede competir.

[Tweet «No se puede triunfar con una marca sin personalidad,valores ni rasgos diferenciadores»]

El amor verdadero entre las personas se produce cuando existe una compatibilidad real entre valores y química, lo que también ocurre entre marca y cliente. No nos enamoramos de los logos, que pueden gustar o no, sino de la faceta humana de la marca.

Las grandes marcas seducen y atraen.

Seguro que te has enamorado alguna vez. Todos lo hemos hecho. Piensa cómo te sientes cuando te enamoras: esa persona es única para tí, ves por sus ojos y oyes por sus oídos.

Esto es justamente a lo que una marca debe aspirar, a que el cliente beba los vientos por ella, a que se enamore como un adolescente.

¿Quieres conseguirlo? Humanicemos la marca.

[Tweet «Crea una identidad que vaya mucho más allá de lo que ofreces: crea una conexión emocional»]

A pesar de que en los últimos tiempos hemos escuchado mucho eso de humanizar la marca, no es nada nuevo. Ya lo hacía hace muchos siglos atrás el filósofo griego Jenófanes, el primero que habló de antroporfismo, o lo que es lo mismo, atribuir rasgos humanos a objetos que no los tenían, para explicar la similitud entre hombres y dioses.

El Branding, desde un punto de vista antropomorfo, hace que la marca use los mismos procesos para entender a una marca que para pensar en personas. Es fácil decir no a un ente, a una marca etérea, pero cuando ésta se humaniza y habla contigo es mucho más complicado resistirse. El branding puede encender la mecha de las relaciones entre marca y consumidor, relaciones que permiten que sea reconocida y reconocible, y, por supuesto, digna de su confianza.  

 

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