La ventaja competitiva no existe, son los padres

Siempre ha sido un mantra para los profesionales del marketing, y ha sido un objetivo altamente perseguido por las empresas, la ventaja competitiva. Durante décadas ha sido algo que todos han querido tener de su lado para destacar por encima de los demás, pero, ¿qué pasa hoy en día?

El término “ventaja competitiva” salió a relucir a mitad de los años ochenta de la mano de Michael Porter, economista americano.

Todos los expertos y empresas han buscado, como hemos dicho antes, durante mucho tiempo conseguir y explotar esa ventaja competitiva que les permita superar a todos sus competidores. Pero hay un pequeño inconveniente sin importancia en este planteamiento: la ventaja competitiva no existe, no tiene absolutamente nada que ver con un rendimiento superior de nuestra marca.

Un negocio o marca puede ser de éxito y lograr dar beneficios sin tener en cuenta la ventaja competitiva, y del mismo modo, las empresas que gozan de ella pueden fracasar estrepitosamente.

Lo peor de todo es que es una concepción que resulta confusa y proporciona una idea errónea de lo que es un negocio de éxito.

Creer que contamos con esa ventaja competitiva genera en nosotros la creencia de que lo estamos haciendo perfectamente, lo que puede crear en nosotros una especie de ceguera estratégica que nos puede acarrear muchos problemas a la hora de la verdad.

La cuestión es la siguiente: ¿qué es realmente la ventaja competitiva?

[Tweet «¿Qué es la ventaja competitiva?»]

Aunque no te lo creas, no existe una definición estándar de este término, motivo por el cual no hay forma de saber si una empresa posee esa ventaja competitiva.

Porter afirma que la ventaja competitiva consiste en tener pocos costes, ser capaz de diferenciarnos o un gran producto. Otros, por el contrario, definen este término como las acciones que realizan las empresas para crear valor y que otras no hacen, con las que buscan crear valor y rentabilidad por encima de los demás.

Por puro instinto, para nosotros la ventaja competitiva implica ser mejores que cualquiera, y, por lo tanto, tendemos a pensar que si mi empresa es mejor que la de los demás, ganaremos más dinero que los demás. Pero por desgracia esto es un error, la competición en el mundo de los negocios no es igual que podemos competir en el ámbito deportivo, las reglas no están definidas y pueden cambiar de la noche al día, y no existen ni jueces ni árbitros.

Por lo tanto, aquellas personas que se obsesionan con la ventaja competitiva estarán jugando su último partido.

¿Y tú, qué crees?

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